El motivo es doble, por un lado me gusta hacerlo y, por otro, alivio a mi gente de miles y miles de anécdotas, bueno, en ocasiones las mismas una y otra vez.
Aun estoy en heathrow esperando a mi gente y, aprovechando el wifi free de la terminal, he decidido escribir un rato. Mi primera historia es breve y referente al otro pueblo estudiado por mi en mis viajes y con la metodología que me otorga no haber hecho ningún curso ni leído ningún libro de antropología en mi p**a vida: la visión de un auténtico red neck, es decir, un servidor..
El otro día me quede impresionado cuando fui al baño y vi que en el secador de manos han puesto una luz que te indica donde poner las manitas húmedas para que el chorro del aire las achicharre. De esta simple manera evitas estar con las manos pa'dentro, pa'fuera como si fueses un dj (pinchadiscos para los de la ESO).
La segunda ha sido hoy al ir a comprar agua al badulaque de al lado del hotel donde he pernoctado. Pese a que no me las voy a comer, no he podido resistirme a comprar una bolsa de patatas fritas... Nos estamos acostumbrando a comer patatas con sabor a cualquier mierda: jamón, chile, queso, fabada, turrón, frutas del bosque, incluso hasta el punto de sal. Pero los British le han dado una vuelta de tuerca vertiginosa: la han mezclado con MARMITE.
Para los que no sepáis que es, os diré que es un menjunje que untan en pan y otras superficies, denso, pegajoso y que sabe como si en un centímetro cubico condensaseis el sabor de 10 pastillas de avecrem, los que lo conocéis, sabéis de que hablo. Ahí lo dejo.
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