viernes, 19 de febrero de 2016

Un yonki en el este de África

El acervo cultural está plagado de refranes y frases hechas, muchas de ellas absolutamente chorras, otras, como la que vamos a usar, no: “el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”. Esto, fácil de evitar en teoría, se convierte en inasumible cuando, como yo, estás enganchado al chocolate.

Ya tuve mi primer contacto con el chocolate en Kenia hace tres años y medio cuando, para pasar un mes y medio a orillas del Turkana, me lleve una bolsa grande de mini mars y una tableta de chocolate negro. Bueno, que la mercancía estuviese todo el día metida en una tienda de campaña, a más de 40º durante gran parte del horario diurno y unos 30 por la noche, convirtió aquel néctar en algo líquido que solo se podía tomar como un flash. Al final fue la fruslería que le daba a los niños enfermitos que pasaban por el campamento.

Bueno, con este bagaje y mi adicción, me presento en Dar es Salaam, que oscila entre 25 y 31º este mes y con un 70% de humedad y me compro unas galletas digestive con chocolate negro. Hasta ahí todo bien. La primera caja, al abrirla y estando refrigerada, tenía sus galletas pegadas ya que el chocolate había hecho de pegamento, pero haciendo palanca con una cuchara iban saliendo en grupos de dos. Sin embargo, en el resto de cajas el chocolate ha hecho acción “loctite” y no hay dios que las separe. Metí hasta un cuchillo pero, al salir la hoja por el otro lado a pocos centímetros de cercenarme un dedo, he desistido de su uso, además no iba bien.

Por eso, querido lector, en una bajada a mis propios infiernos y alentado por mi necesidad de consumo, me veo en la patética situación de sacar todo el mazacote de galletas y comérmela a bocados como si fuese una mazorca de maíz, en este caso de ambrosía de cacao y trigo. Obviamente el chocolate se derrite en un nanosegundo y acabo con las manos y los hocicos manchados como si de una leona devorando a su presa se tratara.


Soy un yonqui y teniendo en cuenta el precio del chocolate, cualquier día me pongo en la puerta del Nakumatt (el Carrefour de aquí) a pedir unos shillings a cambio de llevar la compra (de gorrilla no me veo que me da insolación) para pagarme el vicio.







                                                                      La mazorca

sábado, 13 de febrero de 2016

Tanzania: La primera en la fren...frontera.

Bueno queridos, el cateto más famoso del sureste de Madrid se coge un avión en Barajas destino Doha, amenizado por una almeriense hija de puta que iba delante de mí, que se mamó toda la bodega (alcohólica) del aeroplano y que buscaba bronca. Una vez en Doha, en vuelo más placentero y catorce horas después aterrizo en Dar es Salaam.

Lo primero que sentí al salir por la puerta del avión no fue la emoción embriagadora de venir a estudiar nuestros orígenes en el lugar donde ocurrió, no. Lo primero que sentí fue una hostia de calor húmedo que me hizo empapar toda la ropa en menos de 5 segundos, me puso la cara como una lombarda y me la ha dejado así por diez diítas.

Bueno, vamos a pasar el trámite más traumático que existe para mí: pasar una frontera. Me da igual en qué país sea, siempre pienso que algo va a pasar… y esta vez no iba equivocado.

Todo el mundo me había dicho: has de entrar como turista y luego te dan el visado de investigador, todos, todos, una y otra vez. Así, me dan el formulario de inmigración y en motivo del viaje que pongo, ¿turista? Para qué: visiting scholar at University of Dar es Salaam.

Pues nada, me pongo a la cola, me toca, el oficial coge mis papeles y se produce esta conversación:
- Visiting scholar?
- Si.
- ¿Tiene el Costech? (el permiso para investigar el Tanzania).
- No, está en trámite. Tengo la carta de invitación.
- ¿Me la puede enseñar?
- Claro.
- Esto es una fotocopia. Esto no vale. Alguien de la Universidad debe confirmar esto.
- Es domingo, no hay nadie en la universidad.
- Es verdad, es un pequeño problema (no me jodas, pequeño para ti, que te vas a casa cuando acabes).
- Entonces… (dije temiéndome lo peor) ¿puedo entrar en el país?
Me mira displicente y recreándose en la cara que iba a poner me dice: Hoy no.
Aquí me vino muy bien el dodotis que siempre llevo puesto cuando viajo por evitar que la relajación súbita del esfínter me cree mayores problemas. Sin embargo, en un alarde de “a la fuerza ahorcan” se me ocurre decir:
- Pero… puedo entrar con visado de turista, ¿no?
- Claro, pero pagarás dos visados.
(prefiero pagar dos visados a estar durmiendo en esta sala sine die).
Dicho y hecho, pago el visado, espero que me fichen y a recoger la maleta.


Moraleja: haz caso a los que saben de esto.

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Lo primero que veo al llegar a Tanzania: una jirafa voladora (luego me enteré que es el logo de Air Tanzania) y un avión tipo DC-10. Tradición e innovación, una metáfora de lo que me espera.