lunes, 2 de septiembre de 2013
Un cateto en la ciudad
20 agosto 2013
Que voy a la capital,
Si queridos,aprovechando que había que ir a recoger a Alex y comprar cosas para la escuela (vigas, cemento, el techo...) me metieron de fardo para visitar al doctor.
No lo he dicho, la ciudad se llama Lodwar y es la capital de la provincia Turkana. Hasta ahora mis rápidas estancias en Lodwar se habían circunscrito a la zona que se atraviesa entre TBI y el aeropuerto y, francamente, me había parecido un agujero en el mundo. Ayer, tras estar en ella ocho horas recorriéndola de un lado a otro haciendo compras he cambiado de opinión, es un agujero grande.
No podría conducir por esa ciudad, es una ciudad de amplias calles repletas de coches, gente y ovejas que ocupan la calzada, por supuesto, de forma caótica y a lo loco, sin conocimiento. La primera parada fue en Plaza Medical, donde Misiko me acompañó a la recepción y tras hacerme la ficha entré a ver al doctor, en este caso doctora. La clínica estaba oscura, con una tele que emitía una telenovela nigeriana muy divertida sobre reyes de tribus y esas cosas. Según entrabas a la clínica y tras sortear el tablón de lista de precios te encontrabas la sala de espera para unos diez, al fondo la recepción, a tu izquierda las salas de observación con las cortinas atadas con unas pinzas y que de haber alguien se le vería completamente desde fuera, si hubiese luz dentro, claro. A la derecha la sala del doctor, todos lo muros internos no llegaban al techo, me imagino que para no morir de la calor. Bien, tras hacerme la ficha y pagar el servicio express, en el que te saltas la cola, entré a ver a la doctora, que estaba medio dormida o era así de parada, como luego dudé.
Después de explicarme a mi manera y ella preguntarme por detalles íntimos de mi escatología en las últimas semanas, donde debido a mi precario conocimiento de la lengua inglesa empleé ejemplos con cosas de comer para describir texturas como mermelada, pickle y otras cosas que veo en la mesa todos los días y que si lo leen ahora mis compañeros lo sabrán porque he omitido este detalle en mis relatos en el campamento, más que nada para no quitarles las ganas de comer.
Tras un rato explicándome, me dice que me va a hacer un análisis de sangre, yo replico que si quiere un análisis de algo más sólido, no mucho más, que sólo tiene que pedirlo, se echó a reír y me dijo que no hacía falta.
El siguiente capítulo es el de la extracción. Sigo a una muchacha, me meto en una habitación y me dice: siéntate y ponte cómodo. En una silla alta, cuadrada, del tamaño de un trono y donde me colgaban los pies. Me costaba ponerme cómodo, ella insistía hasta que la dije que colgándome los pies no podía estar cómodo. Estuve ojo avizor para que la jeringa y la aguja fuesen desprecintadas en mi cara, como me habían avisado varios compañeros. Todo bien y tras discutir el brazo a perforar, yo quería uno, la muchacha el otro, al lío.
Media hora más tarde tenía los resultados y la doctora me anunciaba que tenía unas fiebres tifoideas cojonudas. Tras reclamar que cómo podía tenerlo si tenía la vacuna, ella contra-argumentó que vale, pero que no era el primer vacunado de tifus que llegaba con la enfermedad... Hala, pastillitas, ibuprofeno y al turrón, a curarme.
Al ser una enfermedad contagiosa se me ha apartado de currar en el colegio no sea que se lo pegue a toda la excavación y comentan en broma, aunque disimulan muy mal, sobre si debo ser exiliado a mi tienda y darme de comer por la cremallera de la tienda, mandarme a vivir al yacimiento, donde la sombra más cercana esta a 500 metros... Por ahora me dejan sentarme a la mesa.
Aún con todo, la enfermedad, miles de compras, quedarme cuidando el coche y aguantar a pesados, pedigüeños, niños de la calle y demás personal y seis horas de viaje entre la ida y la vuelta tuve dos regalos. El primero cobertura en el móvil para llamar a la mujer que amo y, el segundo, estar un día completo bebiendo agua fría y eso, queridos, está que te cagas.
PD, tras diez días a tope con los antibióticos ya estoy recuperado. Lo peor de todo es que he mirado en la interné como se contagia la fiebre tifoidea y bueno, se puede resumir en que he comido mierda humana contaminada. Si amigos, disculpad la franqueza, podemos ponerle pañitos calientes: alimentos o agua infectada, un infectado me escupió en la boca, pero queridos, simple y llanamente, he comido mierda humana... Y me lo quería perder..
domingo, 1 de septiembre de 2013
Los vecinos
15 agosto 2013
Una vez un conocido que se dedica al Paleolítico en África me dijo, de manera un poco pedante, que uno no se podía considerar africanista hasta que no tenía una diarrea en aquel/este continente. Bueno, después de más de veinte días ligero de vientre, tres de ellos literalmente viéndole la cara a la muerte, debo ser más africanista que el propio Louis Leakey, dudo hasta de ser su reencarnación.
Pues resulta, queridos amigos, que me he tenido que pillar algo feo que me tiene más pendiente del agujero-toilette que de las piedras que he venido a estudiar/descubrir. Hasta tal punto es el proceso de degradación de mi cuerpo que hoy he empezado a tomar el tratamiento contra amebas, protozoos y otros seres malignos que se alojan en el sistema digestivo humano y lo hacen puré, nunca mejor dicho. Hasta yo me estoy asustando de lo delgado que estoy ahora mismo, de otras cosas sólo hablaré delante de mi doctor, puede haber niños y personas susceptibles a lo escatológico leyendo estas letras. Un desalojo, otra ocupación, pero, que sea en otro organismo, no en el mío.
Creo que el origen empezó en Nakuru, donde me bañé en la piscina del Stem Hotel, del que ya sabeis. Así que ya sabéis niños, no cojan caramelos de desconocidos ni se bañen en piscinas de dudosa reputación.
Nota informativa: los agujeros-toilettes hay que cerrarlos cuando desde su interior te saludan.
Continuará...
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