Pese a encontrarme en el hogar desde hace semanas quiero seguir compartiendo algunas experiencias.
Ya sabréis muchos que de Middle Stone Age y arqueología prehistórica africana ando muy pez aún. Sin embargo, si he realizado un exhaustivo trabajo de campo en primera persona de la que ya tengo algunas conclusiones que voy a publicar en "open access" porque me caéis bien.
Sí, gracias a mis fiebres tifoideas tengo un extenso catálogo de toilettes y agujeros varios donde uno/a haces sus cosas. Francamente, yo prefiero un arbusto o detrás de una cuneta, pero hay que ser civilizado y evitar el campo de minas que resulta un campamento de cuarenta personas a los cinco días.
Lo normal es encontrarte un agujero donde hacer tus cosas, del tipo de los que hay en algunos bares, ese con las huellas que Neil Amstrong dejó en la luna, pero sin agua en la mayoría de los casos y unas moscas como puños que te entretienen mientras haces tus cosillas. En uno de esos lugares, en Lodwar, a donde Denis y Edwin me llevaron a comer pollo sin cubiertos tras visitar el médico, pero esa es otra historia, encontré algo que me llamó la atención: alguien había abandonado unas bragas, las cuales estaban arrugadas en una esquina junto a dos envoltorios de CD's (ver Alakara hotel). Varias reflexiones acudieron a mi mente: aquello era un antro, en un apartado dentro del cuchitril del baño, en fin, se me ocurrieron muchas cosas, pero ninguna buena.... y si, los envoltorios de los CD's eran XXL.
Pero, sin embargo, mi preferido es el que más he usado, de hecho tenía tarjeta VIP. La toilette del campamento o, como prefiero llamarlo: el aliento del diablo. Un agujero de dos metros de profundidad por uno de diámetro en el que se pone una especie de "trono" para que te encarames como un gavilán. Aquello tiene un recorrido, que es básicamente, hasta que se ve el producto interior bruto de mis antecesores en el lugar. Hay gente que no tiene esfínter, sino una manga pastelera. Pero lo peor no es ese momento crítico de ir al baño, no, lo peor es ese olor que se reconoce, sin necesidad de ser un perdiguero, a varias decenas de metros del lugar y que te hace tener canas y que se te abran branquias para tener oxígeno. Entonces se cierra con arena y se abre otro aliento del diablo.
Es el ciclo de la vida.
Aporto documento gráfico.
El aliento del diablo