lunes, 29 de julio de 2013

Como pasar (mal) un río en Kenia


Os apunto unas pequeñas instrucciones, basadas en hechos reales y experiencia propia, de como pasar un río por muy fácil que se crea que es el paso. Pero empecemos por el principio.
Gamble's cave, ese yacimiento emblemático del later stone age del Africa del este excavado por Leakey padre allá por los veinte. El mejor paso es cruzando un río de no más de 10 metros de largo y sin fauna reptiloide que te coma los dedicos de los pies, sin cocodrilos vamos.
Lo malo es que ya habíamos estado en el río y planificado el paso con nuestros asistentes del pueblo de dicho cauce y que conocían hasta la saciedad.  Mi gran aporte a la estrategia fue decir que yo me iba a traer las chanclas para no mojar las botas y evitar algún corte malo... Si señor, estoy hecho un pitagorín.
Allí nos plantamos al día siguiente: equipo completo, asistentes, y mis chanclas. Pasa el primero de los asistentes dando un rodeo que se antojó largo cuando todo el mundo sabe que la línea recta es el punto más corto, no en naútica, como olvidé.

La chavalería local iba por el camino que creía más corto y mejor, justo antes de la pequeña cascada, saltando por las piedras con gran algarabía y diversión. Lo de saltar por las piedras lo descarté desde el minuto uno, primero por el peso de la mochila, pero sobre todo, debido a que mis dotes gimnásticas unidas a la escasa longitud de mis fémures auguraba fractura craneal en el mejor de los casos.

Pero mientras los demás pasaban ayudados por los locales por ese paso eterno yo decidí arremangándome los pantalones en plan "voy a coger cangrejos al río", calzarme mis chanclas y tirarme al agua con aire resuelto y decidido por donde los muchachos. El primer paso, dado con una seguridad desconocida en mi, me hizo venirme arriba, pese a comprobar que el cauce tenía muchas piedras de lo que los geólogos llaman gordas. Joder, esto no cubre una mierda, pensé y di un segundo paso al encuentro de la corriente, el segundo paso firme hizo mojarme hasta la mitad de la espinilla, lejos de arremangado pantalón rodillero. El tercero fue crucial, no solo no fue firme, si no que no encontró suelo tan fácilmente, lo encontró cuarenta centímetros  mas abajo de lo esperable... Para ese momento la dignidad y la gallardía se habían esfumado, me encontraba metidito en mitad de la corriente, con el agua por encima de la cintura (salve la mochila y lo aparatos electrónicos); pero si no es por un muchacho que me dio la mano desde una piedra meto hasta la cabeza, en plena vorágine de zozobra, mi gran aporte a la causa, las chanclas, salieron huyendo por su cuenta, parecía el típico guiri en un encierro a punto de ser cogido y que es adelantado por su propia chancla en una parábola imposible y anunciadora de la parca o de salir en impacto TV. Una la cogí yo,la otra la tuvieron que coger agua abajo... Sin dignidad, con el underwear chorreando y con risas y chanzas merecidas alcancé la otra orilla con la lección bien aprendida.

A la vuelta y los días siguientes pasé el río por el vado largo y de la manita de un local, eso si, descalzo, las chanclas fueron sustituidas por le bañador, que era más útil y que caramba, resalta mi apolínea figura.


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