Queridas
y queridos, hoy como si fuese la Pantoja en Cantora o Jesulín (currupipi)
Ubrique en Ambiciones, quiero abrir mi hogar. Perdonadme que no lo haga con el visón, pero con
33º y 70% de humedad, me vais a permitir que vaya con un ropaje compatible con la
vida: camiseta y pareo.
El
hotel es modesto, me hacen precio gracias a Agness y me cobran como si fuese
residente (sabéis que en el este de África hay diferentes precios si eres
residente o extranjero). A mí una habitación con AC me la dejan como una de ventilador,
es decir, unos 13 pavos diarios, para eso viviré tres meses. Sin duda, los
asiduos de estas latitudes podréis reconocer muchos “tics” de otros hoteles que
habréis visitado, a los no iniciados, les puede servir de guía de viaje. ¿Lo mejor? Su ubicación, a dos minutos del departamento.
La
habitación es de cama de matrimonio, es decir: 175 de ancho, puedo tumbarme en
cualquier postura ya que es mayor que mi estatura. Con la cama en la habitación
ya no hay mucho más espacio. Aún así metieron dos mesas, una tv y una silla. Ordené
que se llevasen la tv, que no estaba sobre el soporte de la pared y empezó el
proceso de tuneado. Lo primero fue comprar un pareo cortarlo por la mitad y
hacerme dos mantelitos (esencial porque las mesas recibieron su último
barnizado en los años del abandono por los alemanes de Tanganika), lo demás imprescindible: una mini nevera para las cosas
fresquitas y las cenas (ya contaré la cocina del hotel otro día). Por supuesto,
trapos de cocina, bayetas, menaje y víveres.
El antes y el después
La
habitación aunque ya puede parecer habitable tiene sus cosillas, pasemos a
enumerarlas. Empecemos por la cama, de 175 cm como ya he dicho y dos colchones
que han pasado con creces la recomendada década de vida útil. El de abajo es de
muelles, pero en el sentido literal del término, son unos muelles con un forro
de tela, apto solo para faquires de primera división. El superior es de espuma,
ideal para sentir lo que tuvo que vivir Gulliver cuando era gigante. ¿Sentarte
en un castillo? No, no, tumbarte sobre el mismo Rift Valley. El colchón está
tan hundido que te vas irreversiblemente al centro haciendo la croquette y pese a dormir solo en esta
cama, me veo avocado a encaramarme a los bordes de la misma, de hecho, estoy
pensando en dejarme los uñates de los pies largos para clavarlos como lobezno a
la sábana y no caerme de la cama en una mala vuelta. Pero incluso el lado en la cama ha de
ser estudiado y he de elegir y preparar borde el Rift donde quiero dormir porque el colchón superior es más grande
que el inferior y hace voladizo y si duermes en el lado equivocado, vuelcas.
El colchón bajero.
La
habitación es “grand confort” y
dispone de aire acondicionado, ventilador de techo y mosquitera. “No te quejes,
cabrón, que estás en la gloria!!!” pensará alguno. Sí, sobre el papel así es, pero
darlines, hay que vivirlo. De entrada la mosquitera no está centrada sobre la
cama y al ponerla hay un lado donde apenas llega y se sale a la que la rozas,
con la consiguiente escabechina de los mosquitos a mi cándida piel. El ventilador de techo, si lo
pones muy fuerte, hace tanto ruido que me siento como en un helicóptero en
Vietnam dispuesto a matar charlies
con Fortunate son sonando atronadora por la
megafonía. Tiene un regulador del 1 al 5. El primer día lo puse al 1 y aquello
iba muy deprisa, pensé: “joder, en el 5 se desprende del techo, sale volando y
le da la inercia para llegar a Zanzíbar”. Luego descubrí por error, porque por
miedo ya digo que no tocaba más botones, que el 1 es lo máximo y el 5 el
mínimo… cosas que pasan. Pero acabemos con el plato fuerte, el aire
acondicionado, la joya de la habitación y lo que le da caché y precio alto a la habitación.
Bueno, lo primero que hay que señalar es que el termostato solo oscila entre
28º y 30º y lo hace en modo random
porque no hay mando para regularlo y, lo que me resulta más brutal, es que a la
1.30h de funcionamiento empieza a chorrear agua y hay que apagarlo, ¿por qué? preguntará
alguien. Pues porque está encima de la cama y el agua cae sobre el cabecero y
de ahí al colchón. Sin embargo, África es el continente de las soluciones ingeniosas y,
señores, la tienen para esto. Donde cae la mayoría del agua han puesto una
pegatina de fieltro de esas que ponemos en las patas de los muebles para que no
rayen el parqué. No evita que el agua llegue a mojar la cama, pero a cambio
tengo una colonia de hongos que me mira desde arriba mientras duermo con
ojitos.
El goteo y el AC sobre la cama
Vamos
a cerrar con el baño, todo un alarde de diseño y optimización de espacios:
retrete, ducha, lavabo y menos detalles que un Seat panda. Descontando la
herrumbre provocada por el agua, la ausencia productos de limpieza, y de mano
de obra que le de un repaso, el plato fuerte que tiene este baño es la ducha.
Al no tener mampara, con solo abrir el grifo de abajo y aunque casi no haya
agua, ésta falta demasiado a menudo, el suelo se convierte en Las Gaunas una
jornada de lluvia y partido. Pero lo mejor y por lo que debería estar patentado
este modelo de distribución es la propia disposición de la ducha. Si el lector
se fija bien, comprobará que el agua de la ducha sale de la alcachofa
directamente al retrete por lo que si quieres ducharte y que el agua te de en
la cara y, en mi caso, varonil torso, te tienes que poner pegado al retrete y doblarte hacia atrás como en
los saludos al sol, es para verme. Es la razón por la que la llamo la ducha-yoga. Gloria
bendita y una excelente manera de aunar higiene y salud. Sales despejado y
desentumecido. Son todo ventajas.







