El Fary, en paz descanse, estaría orgulloso de lo que hizo
su colega de taxi, antes de hacerse famoso por su música rumbosa y sus letras
con ese deje machista tan típico de nuestra música rancia.
Hace un par de semanas decidí inaugurar el “fin de semana
burgués” que consiste en irme del antro donde vivo a un hotel de playa a
pasarlo pipa comiendo como una boa, durmiendo, viendo las olas y a los turistas ponerse como
gambas a la plancha (sí, aquí también hay). Como buena campaña rimbombante el
nombre no concuerda con su duración. Al igual que ocurre con la semana de la ciencia, que dura dos, o la semana fantástica del corte inglés que dura casi un mes, mi
fin de semana burgués dura un día: me voy un sábado y vuelvo un domingo para
comer.
Como si me fuera a la playa, con mi mochila y mi bolsa de la
uned, me voy pizpireto a pillar una bajaji que me lleve al centro comercial a
coger ahí un taxi (no pasan taxis por mi zona). No hay ninguna y me toca
esperar. Los que esperábamos nos mirábamos con cara de perro, ya he aprendido que
aquí no hay colas, sino caradurísmo y, para esto, ser blanco es un plus (los
transportistas te quieren porque te engañan con el precio). Llega una, me
adelanto a una pareja y acuerdo el precio. El “chófer” es un chaval de menos de
20 (y no se si de 18), tirillas y con estética “black power”, boina militar
incluida.
Tiramos para el centro comercial y nos pilla en el cruce una
excavadora que va delante a no más de 10 km/h. El bajaji driver, en general,
conduce regular, con volantazos para evitar baches. Éste dio dos en lugares
donde no recuerdo que hubiese baches. Pero los más divertido del trayecto fue cuando
en una recta, detrás de la excavadora, empiezo a notar que el vehículo deriva
hacia la izquierda y que nos vamos fuera, hasta tal punto que cuando vi donde
iba solo me pude agarrar a los hierros de la bajaji y gritar al fulano.
Efectivamente, nos fuimos al arcén. Hasta ahí todo bien, pero es que el arcén
tenía medio metro de profundidad y la bajaji volcó y yo volqué con él (leído
como el trambólico).
Si queridos, allí me vi de medio lado. La verdad es que ver
la hostia venir y que íbamos a poca velocidad (menos de 10 km/h) hizo que me
preparase para el golpe y estar pendiente de mi mochila cargada de todos los
aparatos que hacen que trabaje aquí. Lo peor es que tuve que salir
arrastrándome por un hueco ya que caímos sobre el lado de la puerta. He de
confesar que me sentí un poco como Rajoy cuando se dio la leche con el
helicóptero.
Tras cagarme en toda su estirpe en un español florido y
estar a nada de darle un bofetón al niñato, entre un motorista, el driver y yo
sacamos la bajaji de la acequia y tras comprobar que su máquina y las mías
estaban ok, me llevó a mi destino. El fulano intentó, sin éxito, que le pagase
la carrera.
¿Por qué el accidente? Pues porque el chico era un ferviente
seguidor del Fary. Él promulgaba que dejaran libres a los chavales para que
camelasen y este cameló mucho y le había estado dando a la mandanga toda la
noche … vamos que dará positivo en el doping por cannabis hasta bien pasado 2040.
PS, Estamos de risas porque viró a la izquierda, si lo hace
a la derecha es muy posible que nos hubiese embestido algún coche que venía en
sentido contrario.
El recuerdo del evento dos semanas después

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