Querido lector, no todo van a ser risas y algarabía en estos
relatos. No debemos olvidar que he venido a trabajar, gastando dinero público
del Ministerio de Educación mientras estoy aquí y del de Sanidad al volver.
Por eso, todos los días de lunes a viernes de 9 a 4.30 y algunos ratos el sábado me
planto en mi despacho, pongo el aire y a tope con las piedritas. Pero esta
idílica actividad tiene, por supuesto, efectos secundarios.
Lo que voy a contar me pasó la primera semana de trabajo.
Llego una mañana, me encuentro al jefe del departamento y me dice: “oye, que hay
una tesis doctoral y me gustaría que vinieses”
jaaaaaaarrrrRRRRrrrrRRRRrrrrRRRRR, Para los no académicos diré que nadie va por
voluntad propia a una defensa de tesis salvo si es el candidato, eres miembro
del tribunal o el director de la misma y, a veces, ni por esas. Claro, yo puse
cara de póker/intelectual y en mi mejor inglés dije: “Por supuesto, será un
honor”. Si pensabais que ya no se podría empeorar, solo se me ocurre decir: “por cierto, ¿ de qué es?” Y me contesta: “Patrimonio en
Eritrea”, no hay más preguntas señoría.
Entro en la sala, mesa en U, unas sillas sueltas a un lado y
unas doce personas. No veo bien cual es el esquema del protocolo con una mesa
así. El Head me dice que me siente donde quiera y me señala la U. Me siento al
lado de un colega que era del tribunal y le pregunto cuantos lo conforman. “Pues
somos nueve” me espeta. Nueve! NUEVE!!!!! Que horror. He de confesar que a mí
lo único que me preocupaba en ese momento, tras cambiarme a una silla suelta por
si me hacía hablar, era: “joder, me voy a tirar aquí 4 horas”. Esto tiene
severas consecuencias: acababa de llegar a África, sudaba como un condenado y
tenía aún la cara como una lombarda (ver primer post tanzano). Aquí intervienen
dos problemas concatenados: no ir al baño y no beber agua. No ir al baño porque
aún no tenía la llave de éstos y todos mis conocidos estaban de tribunal, por lo
que no podía beber agua para no ir y no beber agua suponía desmayarme entre desconocidos y
posiblemente aligerar el esfínter (combo completo) y así en bucle.
Comienza el sarao, nueve de tribunal. Al estudiante, gracias
a dios, le dicen que tiene media horita para soltar lo suyo. La presentación y
la tesis en general eran bastante aburridas, a qué vamos a poner paños calientes:
fotos que no se veían nada, el tío tenía en las diapos lo que leía… El muchacho
se equivocó de orden al pasar varias y ya empecé a comprender que aquello no
iba a ser como yo pensaba. El candidato cada vez que se equivocaba decía bien
alto shit! Shit!
Empiezan los dos turnos de réplica, habéis leído bien, dos.
Nueve personas hablando en dos rondas (como les guste hablar para ellos como en
España nos tiene que traer un refrigerio, a Dios gracias no era así). Pensaba que quizás se dividían las
partes de la tesis, luego me dijeron que era para hacerlo “más dinámico” (?¿!!!?¿).
En este carrasclás de preguntas ya empecé a ver cosas interesantes: tribunal
que no ejerce derecho a preguntar en primera ronda (un alivio), a otro que le
suena el móvil y medio contesta, otro que se levanta al baño (otro alivio),
otro en seria disputa con Morfeo...
Al final el tribunal se retiró a deliberar a las 3 horas y
yo consideré que era el momento idóneo para hacer el moonwalker y huir de ahí.
Saqué de todo ello comprender como es el sistema tanzano de tesis por si me veo
en el brete de ser tribunal (yo iré a segunda vuelta como los buenos atletas de
salto), una nueva historia de este blog y una última consecuencia mas íntima:
el aire acondicionado de la sala durante esas tres horas estaba a 15º y yo en
manga corta. Hoy día, casi un mes y medio después, tengo aún los pezones como
timbres de castillo.
El departamento

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